Mi recuerdo para Eduardo

Eduardo González Pérez
Conocí a Eduardo cuando yo era estudiante de Ingeniería Agrícola en la Universidad Pública de Navarra. Vino a dar una charla sobre los setos vivos y sus ventajas para la agricultura y el medio. Su charla me impactó, sobre todo porque sugirió realizar estudios sobre las aves que habitaban en el entorno de los cultivos para valorar el estado de calidad ambiental del lugar. Esto que ahora nos parece bastante evidente era entonces algo que apenas se consideraba en instancias oficiales, incluida en la enseñanza. Y además me ofrecía la posibilidad de engarzar mis estudios con una de mis pasiones… las aves.
Posteriormente la vida me llevó a trabajar en el Área Natural Recreativa del Bosque de Orgi, proyecto del cual el alma mater era el propio Eduardo. Un proyecto valiente y pionero que combina conservación del medio, educación ambiental y uso público en un espacio pequeño, pero que ha servido como dinamizador de una comarca y que con el tiempo ha demostrado la gran validez de su fórmula, inspirada en proyectos visitados en el extranjero. Mi etapa de trabajo con él supuso para mí, sobre todo, aprendizaje y crecimiento profesional y personal. Eduardo, audaz, tenaz, inteligente y con una visión que alcanza más allá que la del común de las personas, supo motivarme y sacar lo mejor de mí.  Eduardo era además una gran persona, cercana, con un gran sentido del humor y llena de sensibilidad.
Son muchos y muy buenos mis recuerdos con él. Ahora elijo aquella mañana en la que junto a mi hijo Aimar estuvimos plantando unos arces en el propio Bosque de Orgi o aquel otro en que paseando por Orgi con un amigo nos lo encontramos construyendo pasarelas de madera vestido con un mono y una gorra de marinero al más puro estilo Capitán Haddock.
Gracias Eduardo.