Pajarear desde la ventana: 6 ideas a tener en cuenta

Cuando comenzó la crisis del coronavirus y tuvimos que quedarnos en casa supuso un cambio de vida radical para mucha gente, pero también, como no, para los pajarer@s. Somos gente acostumbrada a salir en nuestro tiempo libre para ir a ver aves allá donde se pueda, ya sea en el parque de al lado como en algún lugar recóndito en medio de la naturaleza más salvaje.

Al decretarse el confinamiento en casa mucho pensarían ¿y ahora qué?

Todo esto ha sucedido en uno de los momentos del año más excitantes para un observador de aves: la primavera, probablemente una de las mejores épocas para estar pajareando en la mayoría de los lugares, pues unidas a las aves que comienzan con sus periodos reproductores (y se muestran especialmente activas y fáciles de detectar) podemos ver muchas otras que aún viajan de sur a norte en su migración prenupcial. ¿Nos íbamos a perder todo eso este año?

Pero desde el momento que las casas tienen ventanas (y algunas incluso terrazas o jardines) el pajareo no cesa, y es más, es posible descubrir una nueva dimensión. Así que , si aún no estás pajareando desde tu ventana, aquí adelantamos algunas de las cosas que descubrirás si lo haces…

  1. Nuestras casas son observatorios privilegiados

Mucha gente vive de ‘puertas para adentro’ y apenas suele asomarse a la ventana para mirar, aunque ahora esto va cambiando. La obligación de permanecer en nuestros domicilios hace que echemos una mirada de vez en cuando para airear nuestros pulmones y nuestro cerebro.

Los pajarer@s indefectiblemente aprovecharemos para mirar ‘si pasa algo’ (entendiendo que ese ‘algo’ es un ave). Y efectivamente, no solo pasa ‘algo’, sino que pasan muchos ‘algos’. Esto se pone de manifiesto si pasamos un poco más de tiempo del habitual en nuestras ventanas o si nos asomamos más veces. Al final, entre un periodo de observación y otro iremos sumando especies hasta llegar a muchas más de las que nos imaginábamos. Y no es raro que desde casa veamos aves que nunca antes hayamos visto desde nuestras ventanas, aunque llevemos décadas viviendo en dicho hogar… más de uno estamos experimentando esa sensación de emoción de añadir una nueva especie a nuestra lista casera ¡muchas de ellas insospechadas! Solo es cuestión de tiempo, atención y un poco de pericia, que se irá acentuando conforme practiquemos y vayamos conociendo las costumbres, sonidos o rutas de las aves habituales del barrio o entorno.

2. La migración es abundante incluso en áreas urbanas

Como estamos en pleno periodo migratorio muchas de las aves que podamos ver serán aves que están de paso. Hay dos formas de darse cuenta si tenemos migración en modo “on” en estos días.

La más evidente es la de mirar al cielo y tratar de detectar aves pasando más o menos altas ¿Cómo sabemos si están migrando? Si practican un vuelo decidido y siguen la ruta sur-norte (o más o menos), lo más probable es que estén a ello. Puede pasar que veamos algunas aves de gran tamaño como cigüeñas, grullas o rapaces girando en el cielo… probablemente estén remontando una corriente térmica para ganar altura y continuar viaje gastando poca energía. Si el día trae consigo vientos favorables es probable que la migración visible sea abundante. Seguro que por muy pocas vistas que tenga tu hogar un trocito de cielo verás… échate mirando para allá con los prismáticos y ¡suerte!

Un milano negro en plena migración fotografiado desde casa con el móvil acoplado al telescopio. ¡Ahí están! Pasan sobre nuestras cabezas.

La otra forma la percibiremos si cerca de casa hay algún árbol, arbusto, campo o jardín, pues muchas aves (sobre todo paseriformes) paran a descansar y alimentarse en estos lugares. Es cuestión de inspeccionarlos bien con los binoculares, durante un buen rato, y probablemente descubriremos zorzales, currucas, mosquiteros u otros aprovechando la oportunidad para reponer fuerzas. Y no digamos si podemos ver una playa o un humedal, aquí ya habrá que estar bien atento a diferentes horas del día porque la ausencia de gente y mascotas seguro que ofrecerá lugares tranquilos para el descanso de anátidas, gaviotas o limícolas, entre otros.

3. Se pueden ver documentales de aves sin necesidad de encender la televisión

Como a la mayoría ahora nos sobra el tiempo una forma de invertirlo es observar las aves con más detenimiento y aprender. Y entonces veremos comportamientos en los que en otras ocasiones no habíamos reparado porque vivimos una vida de prisas o porque… “ah, otra urraca más…”. Es recomendable dedicar un poco de tiempo a ver qué hacen los pájaros y cómo lo hacen… y descubriremos comportamientos, detalles del plumaje, sonidos y hechos sorprendentes como si de un documental se tratara. Seguro que no habías reparado que en el edificio de enfrente tenías a este bicho criando o cómo todos los días a las 7 de la tarde está este otro cantando desde su atalaya habitual.

Dos machos de lavandera blanca se disputan el territorio de cara a la cría. Una escena digna de un documental que pude observar durante varios minutos desde el balcón de casa.

4. Las aves recolonizan terreno

Estos días son comunes las noticias sobre avistamientos de fauna salvaje en medios urbanos: ciervos, jabalíes, zorros, etc… (¡ojo! No todos ciertos, también hay ‘fakes’ por ahí), sin duda la tranquilidad en las calles hace que estos animales exploren entornos que habitualmente están ocupados por los humanos durante buena parte del día y de la noche. Las aves no son ajenas a este fenómeno y aprovechando que no hay mamíferos bípedos a la vista visitan nuevos territorios para alimentarse y, quien sabe, si incluso para reproducirse. Si tienes la fortuna de poder ver un parque o una playa esto resulta bastante evidente, así que atent@, puede que veas especies sorpresa en estos lugares habitualmente (más) aburridos.

Un ejemplo claro: las playas. La ausencia de humanos y perros ofrece tranquilidad y seguridad a estas gaviotas sombrías que descansan durante su viaje migratorio en la playa de la Zurriola (Donostia).

5. El entorno y las aves van cambiando

Lo bueno de estar tanto tiempo en un mismo lugar (si, hay cosas buenas también) es que percibiremos los cambios que se van produciendo en nuestro escenario a lo largo de los días… veremos brotar las hojas, florecer árboles y campos, la subida de temperaturas progresivamente, la aparición y proliferación de determinados invertebrados, y como no, los cambios en las aves que vemos desde nuestra casa. Llegan especies migratorias nuevas, algunas van haciéndose más abundantes y otras más escasas, y otras dejan de verse, pues ya marcharon hacia sus territorios de cría. Esto hace que todos los días sean diferentes… no están siempre los mismos gorriones, la misma tórtola y los aviones de todos los días, no, va cambiando. Esto añade cierta incertidumbre y nos espolea a seguir mirando, porque en cualquier momento puede saltar la sorpresa.

6. No estás loc@, no eres la única persona haciendo esto

Esta crisis nos ha mandado a todos a casa, así que piensa que hay cientos, miles de pajarer@s mirando desde sus hogares las aves que tienen por ahí. ¡No estás sol@! Y además están compartiendo sus experiencias en lugares como el grupo de Facebook “Aves desde casa COVID19”, en publicaciones con el hashtag #AvesDesdeCasa o en eBird, donde podrás ver los resultados en el apartado Jardín Totales de la pestaña Explorar.

Así que ningún pajarer@ se aburra durante este confinamiento. No dejemos tus binoculares olvidados, asomémonos a la ventana, salgamos a la terraza o jardín y registremos lo que veamos, pues tiene interés y además, son los datos que podemos aportar ahora a través de la ciencia ciudadana.

Yo me he confinado con mi madre en nuestra casa de Donosti, con buenas vistas al mar, lo que me está dando buenas oportunidades para observar aves marinas y aves migratorias. A pesar de haber realizado buenas observaciones desde aquí en el pasado, en este periodo de confinamiento he añadido un buen número de especies que jamás había visto anteriormente… por lo que está siendo una experiencia apasionante. ¡Disfrutad!

PD: Preparo ya una próxima entrada sobre las aves que he podido ver desde mi confinamiento (¡pronto en sus pantallas!).

Alcatraces, pardelas y delfines

Sin más afán que disfrutar de la belleza estética de las aves marinas incluyo aquí una pequeña serie de fotos realizadas el pasado octubre con VerBallenas desde el puerto vasco de Bermeo. Salir en barco es ya toda una experiencia de por si, pero si además las aves y cetáceos colaboran dicha experiencia pasa a ser memorable.

Alcatraces, pardelas, págalos, alcas, araos, frailecillos, paíños, gaviotas de diversas especies… un deleite para nuestros ojos y oídos todo ello amenizado por los comentarios y anécdotas de Gorka Ocio, que fue nuestro experto guía.

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La elegancia superior del alcatraz.

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Nota sobre alimentación otoñal del pico dorsiblanco

El pico dorsiblanco (Dendrocopos leucotos lilfordi) es una de las aves más discretas que tenemos en la Península Ibérica. He tenido la fortuna de trabajar con esta especie en Navarra en los últimos años de una forma muy intensa, por lo que he tenido numerosas oportunidades de observarlo en múltiples actitudes y circunstancias. Una de las formas más óptimas de disfrutar de este ave es si se tiene la oportunidad de encontrarlo mientras se está alimentando, pues suelen mostrarse confiados y ajenos a nuestra presencia. Han sido muchas las veces que he podido verlo picoteando troncos o ramas, desprendiendo trozos de corteza de los árboles o extrayendo invertebrados de las entrañas de la madera vieja, pero este pasado otoño pudimos ver algo nuevo.

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El macho de pico dorsiblanco observado al pie del espino (Foto: Yanina Maggiotto).

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