¿Qué tienen en común un castillo bávaro y una iglesia roncalesa?

Para quienes estén pensando en motivos históricos o arquitectónicos puedo decirles que van bastante desencaminados, pues el punto de conexión, al menos al que yo me refiero, es un pájaro.

Castillo de Neuschwanstein, Alpes (a la izquierda) e Iglesia de San Cipriano, Pirineos (a la derecha)

El 18 de junio de 1985 (pocos años después de haberme iniciado en esto de los pájaros) me encontraba yo en un viaje de estudios organizado por mi colegio visitando el castillo de Neuschwanstein en Baviera (Alemania). Después de un par de horas flipando con el lugar y los delirios hechos castillo del rey Luis II salimos todo el grupo del edificio caminando y quiso la casualidad que yo mirara hacia arriba justo en el momento en que pasaba volando un pájaro que captó mi atención. Vi cómo el pájaro se agarró a una de las paredes de una torre y, aunque estaba a una altura considerable, pude apreciar como de su cuerpo grisáceo se abrían de forma espasmódica unas alas con llamativos destellos rojos: no había duda, era un treparriscos ¡Mi primer treparriscos!

Estuve un ratito observándolo para ver cómo se ponía a cantar y después cazar un insecto que se lo llevó dentro de una ventana, donde presumiblemente tenía el nido. Tuve que correr para alcanzar a mis compañeros y no perder el autobús.

Ese día de 1985 llevaba conmigo una cámara (analógica) con teleobjetivo, así que pude inmortalizar el momento. Aquí se puede apreciar a mi primer treparriscos entrando en la ventana donde presumiblemente estaba criando. Perdón por la mala calidad, pero la reproducción procede de una diapositiva de hace más de tres décadas.

Hace un par de días (estamos ya en marzo de 2018, 33 años más tarde) estuve en el pueblo de Isaba (valle de Roncal, Navarra). Tenía noticias de que este invierno se estaban viendo un par de treparriscos en su iglesia y, como unos amigos querían verlo, nos acercamos hasta allí. Y efectivamente, en la fachada sur de la iglesia-fortaleza de San Cipriano (que data del siglo XV) había un treparriscos recorriendo la pared de abajo a arriba en busca de alimento. Al rato hizo un corto vuelo hasta el tejado, donde lo oímos cantar durante unos instantes. Para varios de estos amigos éste fue su primer treparriscos (¡también en un edificio, como el mío!).

El treparriscos de hace un par de días en el Pirineo Navarro. Otra vez en un edificio.

Sin perder la verticalidad y tan tranquilo.

No resulta infrecuente ver treparriscos en edificaciones, especialmente en invierno, cuando estas aves descienden de sus expuestas zonas de cría a lugares con un clima más atemperado y suave. Esta especie mantiene además territorios de invernada, por lo que resulta normal que vuelvan de año en año. Lo que ya no es tan normal es que nidifiquen en edificios, como ocurre en Neuschwanstein. Ya en 1970 el prestigioso ornitólogo alemán Hans Löhrl escribió un artículo en British Birds sobre los treparriscos de este castillo bávaro, documentando su cría en el lugar, aunque cuando yo lo vi allí desconocía dicha publicación y quedé impactado por la inesperada (para mi) observación. En dicho escrito menciona que el caso de Neuschwanstein es excepcional, no así el de aves de esta especie invernando en torres de iglesias, castillos u otros edificios históricos que reproducen el hábitat rupícola.

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