Pajarear por Alcúdia

Mallorca es sol y playa… ¡y aves! (entre otras cosas). Como suele ocurrir en muchos lugares, se los conoce por un aspecto concreto, pero hay otros que quedan eclipsados por los primeros. Un buen ejemplo son las Islas Baleares, pero recientemente tuve la oportunidad de descubrir algo que ya sospechaba, y es que en dicho archipiélago las oportunidades de birdwatching son variadas y muy interesantes.

Del 12 al 14 de abril fui invitado por el Ayuntamiento de Alcúdia para participar en un Blog & Press Trip cuyo objetivo era dar a conocer el potencial ornitológico de dicho municipio. Este lugar es conocido por su oferta playera, pero siendo ésta estacional la búsqueda de otros nichos que desestacionalicen el trabajo del sector turístico resulta muy interesante para la economía local: e verano es para los bañistas mientras que la primavera y el otoño bien podría ser para los pajareros.

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Esta combinación puede resultar muy interesante y un ejemplo a seguir si se hace debidamente. Tradicionalmente el turismo de playa ha favorecido el urbanismo de nuestros litorales de forma casi siempre insostenible, perdiéndose o degradándose el entorno natural. Alcúdia no ha sido una excepción a la hora de la especulación inmobiliaria, y prueba de ello son la no pequeña extensión que ocupan los complejos hoteleros y de servicios destinados a cubrir las necesidades del público turista, pero en la zona se han preservado también una serie de espacios naturales de gran valor ecológico que pudimos conocer en esta reciente visita.

Cabo Formentor

El extremo norte de Mallorca es el cabo Formentor, que aunque no pertenece al municipio de Alcúdia está muy cerquita. Antes de reunirnos con el grupo del famtrip, Ricard Gutiérrez, Sergi Sales y yo, que habíamos llegado antes que los demás, realizamos una escapada a esta prolongación natural de la Sierra de Tramuntana. Presenta un relieve muy accidentado cubierto en parte por pinares o áreas de maquia, pero también con abundantes zonas de roca desnuda y algunos acantilados de vértigo en su cara noroeste.

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Impresionantes acantilados en Cabo Formentor.

Este lugar es conocido por los pajareros locales porque resulta un excelente lugar para observar la migración, tanto de aves planeadoras (sobre todo rapaces) como de paseriformes y similares. Un punto emblemático que utilizan para este menester es la torre de Albercutx, situada en un destacado promontorio con vistas inigualables.

Nuestra incursión se produjo en un día con poco paso, pero aún así encontramos algún alcaudón común, collalba gris, bisbita pratense, curruca zarcera y hirundínidos de tres especies (golondrina común, avión común y golondrina daúrica). Los roqueros solitarios eran numerosos y fáciles de observar, mientras que los vencejos pálidos volaban por doquier. Aún realizamos una breve parada en un lugar bien conocido por los pajareros extranjeros: el ‘Boquer Valley’, en donde algunos migrantes más salieron a nuestro paso: torcecuellos, mosquitero musical o jilguero lúgano, por nombrar algunos.

El día terminó con la reunión del grupo y una visita a la agradable villa de Alcúdia, de origen romano, y que conserva bastante en bastante buen estado un casco histórico recogido que invita a un paseo relajado por sus calles y murallas.

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Restos visitantes de la antigua villa romana de Pollentia, en Alcúdia.

La Victoria

Por la mañana del día 13 ascendimos a una atalaya natural conocida como La Victoria acompañados por Matíes Rebassa (que sería nuestro guía durante el resto de nuestra estancia junto con Pep Manchado). La Victoria ofrece desde su cima unas vistas formidables de Alcúdia y permite hacerse una perfecta idea de cómo es el lugar, e incluso de cuál ha sido su evolución histórica.

Ya desde el primer mirador, donde nos deja el autobús, podemos observar la bahía de Pollença donde descansan algunas pardelas baleares , alguna pardela cenicienta y cormorán moñudo. La subida se realiza en parte por unos pinares maduros en los que abundan los piquituertos (de la subespecie balear) que, y esto es importante decirlo, pertenecen a una subespecie propia del archipiélago balear.

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Cabo Formentor visto desde la Victoria.

Al rato pasamos a un área de matorral donde encontramos una de las especies más buscadas por el pajarero visitante de las islas: la curruca balear, un endemismo de este archipiélago. No fueron pocos los que ‘bimbaron’ en ese momento.

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Buena parte del grupo ‘bimbando’ la acurruca balear.

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Curruca balear (Sylvia balearica). Nota: la foto es de una visita anterior.

Esperábamos ver algo de migración desde la zona más elevada, pero otra vez era un día pobre en paso y estuvimos admirando las piruetas aéreas de vencejos comunes, pálidos y reales, así como las inigualables vistas.

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Las espectaculares vistas de Alcúdia desde la cima de La Victoria.

Marestany

Por la tarde visitamos este humedal urbano que se ha salvado de la presión urbanística y que, según nos cuenta Matíes, está adquiriendo no poca relevancia en los últimos años. A pesar de su pequeño tamaño y estar rodeado de zonas edificadas en el lugar encontramos algunas especies interesantes tales como pato colorado, somormujo lavanco, garza imperial o gaviota de Audouin.

Desde luego se trata de un humedal con posibilidades que complementa a Sa Albufera por disponer de aguas abiertas y aparentemente de algo mayor profundidad que merece un poco más de atención y cuidados para alcanzar un estado óptimo para acoger a éstas y más aves. Además de alguna mejora en sus condiciones ambientales la organización del uso público podría ayudar a canalizar a los visitantes y a poner de relieve su importancia.

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Macho de pato colorado (Netta rufina)

L’Albufereta

A última hora terminamos con un paso por l’Albufereta, un pequeño pero interesante humedal costero cercano a nuestro hotel y a la playa. Resulta muy interesante la combinación de ambientes que presenta, pues además del humedal hay bosquetes y prados de siega con sus tradicionales muros de piedra aún intactos, lo que ayuda a crear un ambiente atractivo para muchas más especies de aves.

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Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus)

Junto a la playa vimos chorlitejos patinegros, canasteras y algún charrán patinegro, mientras que paseando hacia el interior fueron apareciendo algunos paseriformes: curruca mosquitera, curruca zarcera, cistícola buitrón, pardillos comunes… que pronto dieron paso a limícolas (archibebe claro, andarríos chico, andarríos bastardo) así como a otras acuáticas (garceta grande, garza imperial, calamón, pagaza piconegra…). Para cerrar el día un águila pescadora se dejó ver posada en un poste junto al humedal.

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Torre de observación en L’Albufereta.

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S’Albufera

La última mañana quedó para visitar S’Albufera, un espacio que yo ya había visitado en 1989 pero al que no había vuelto desde entonces. S’Albufera es una enorme extensión de vegetación palustre con algunos canales y pequeños espacios de aguas abiertas. Los diversos observatorios y miradores existentes permiten observar una buena parte de su avifauna con bastante facilidad.

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Para comenzar estuvimos frente a la garcera viendo las evoluciones de garcetas comunes, garcillas bueyeras y martinetes que la pueblan. Ya en los observatorios obtuvimos excelentes avistamientos de cigüeñuelas comunes, avocetas, archibebes oscuros, calamones, chorlitejos patinegros y chicos, charranes comunes, tarros blancos y muchos más, mientras que de camino de uno a otro aún avistamos algún fugaz avetorillo que rápidamente se escondían en el cañaveral.

Existen dos especies introducidas que se han adaptado perfectamente y añaden atractivo al espacio: la cerceta pardilla, que a veces necesita de cierto tiempo para ser vista, y la focha moruna, algunos de cuyos ejemplares son extremadamente confiados. Antes de marcharnos aún pudimos ver a una de las estrellas del lugar: el carricerín real, pequeño pájaro palustre que probablemente tenga aquí la mejor población reproductora del Mediterráneo Occidental (con unas 300 parejas estimadas).

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La focha moruna (Fulica cristata), especie objeto de una reintroducción, se ha establecido muy bien en la zona y se deja ver con facilidad.

Durante nuestra estancia en S’Albufera pudimos cruzarnos con no pocos observadores de aves, todos extranjeros, eso si. Esta zona es conocida y frecuentemente visitada por aficionados a las aves, habiendo unas cantidades de pajareros considerables (hablando en términos ibéricos, se entiende), pero parece ser que el público estatal es la asignatura pendiente.

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El grupo al completo.

Agradecimientos

Al Ayuntamiento de Alcúdia por ofrecerme esta oportunidad y por comenzar con esta iniciativa de turismo de naturaleza que puede ser muy beneficiosa en el futuro.

A Alessia Comis, de Pidelaluna, por su excelente organización y atención antes, durante y después del viaje.

A Matíes Rebassa y Pep Manchado por su gran trabajo como guías y expertos en los días que estuvimos allí.

A los compañeros de trip: Ricard Gutiérrez, Toño Sandoval, Sergi Sales, Miquel Rafa, Joaquín Araujo, José Guerra, Hans-Goran Karlsson y Michael O’Clery .

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