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Desde niño me gustaba admirar esas ilustraciones con grandes colonias de aves marinas que algunos libros de naturaleza mostraban, unos acantilados muy bulliciosos repletos de alcatraces, araos, alcas, frailecillos, gaviotas… Donde yo vivía lo más parecido que había cerca era la colonia de gaviotas patiamarillas (entonces consideradas dentro del complejo ‘gaviota argéntea’) de las paredes costeras del monte Ulía, en Donostia. Las colonias de estas gaviotas, sin dejar de ser bulliciosas, son más laxas y su carácter (casi)* monoespecífico le “restaba” cierta emoción y encanto (o por lo menos así me lo parecía a mi en esas etapas de mi juventud en que anhelaba visitar una colonia de “las de libro”).

Fue ya un poco después, en mi primer viaje a Escocia, cuando pude visitar algunas pequeñas colonias que ya se parecían más a lo que había visto en libros y documentales, pues en ellas había araos, alcas, cormoranes moñudos, fulmares y gaviotas tridáctilas. Posteriormente he podido visitar muchas más en la mencionada Escocia, Gales, Noruega, Islandia, Argentina y hasta en la Antártida.

En junio de este año tuve la oportunidad de pasar unas horas en la mundialmente famosa colonia de Hørnoya, en Varanger (Noruega ártica), una experiencia inolvidable y abrumadora… es de esos lugares en los que no sabes hacia dónde mirar porque cada mirada se fija en aves y más aves; te encuentras completamente rodeado por aves en sus nidos a escasos centímetros de ti.

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Cartel de Armor Navigation mostrando las aves marinas susceptibles de ser vistas en la reserva de Sept-Îles.

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Vista de algunas de las islas desde la embarcación… con el mar algo picada.

Y en julio, durante un viaje a la Bretaña, pude hacer una visita a las Sept Îles (las Siete Islas), unos pequeños islotes frente a la Costa del Granito Rosa en las que se asientan numerosas parejas reproductoras de aves marinas. En estas islas está la colonia más importante de aves marinas de toda Francia, con unas 23.000 parejas reproductoras de 12 especies (datos de 2009). En ellas hay cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis), paños europeos (Hydrobates pelagicus), pardelas pichonetas (Puffinus puffinus), alcas comunes (Alca torda), araos comunes (Uria aalge) y frailecillos atlánticos (Fratercula arctica), entre otros, pero sobre todo destaca la espectacular colonia de alcatraces atlánticos (Morus bassanus), con unas 21.000 parejas.

Para visitar estas colonias existen unas excursiones en barco desde la villa costera de Perros-Guirec. La excursión dura 2 horas y visita las islas y un poco de la Costa de Granito Rosa de la zona de Ploumanac’h. Existe otra excursión de 2h30’ que sigue la misma ruta en la que se hace un breve desembarco en la Île aux Moines, en la que existe un faro, pero no aves marinas nidificantes. Armor Navigation, que es la empresa que realiza estas excursiones, opera desde el embarcadero de Trestraou. Conviene reservar el viaje el día anterior; nosotros lo hicimos en la oficina de turismo de Perros-Guirec (18 €/persona).

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El barco se acerca a las colonias de aves marinas.

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Lo más impactante en estas islas es la espectacular colonia de alcatraces atlánticos que se encuentra encaramada en sus laderas.

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Miles de parejas de alcatraz atestan cada rincón de la isla de Rouzic.

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Algunos alcatraces juguetean con las corrientes de aire que vienen de alta mar y se elevan sobre la ladera de Rouzic.

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Los nidos están contruídos con tierra, guano, material vegetal y hasta restos de redes de pesca, como puede apreciarse en la imagen.

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Resulta una maravilla ver cómo los alcatraces se deslizan sobre el mar con total suavidad a pesar de los fuertes vientos.

La salida la realizamos el día 8 de julio a primera hora. El día salió con temporal de oeste, mar bastante movida, olas que salpicaban hasta la cubierta superior y escasa estabilidad como para acercarse a los acantilados y realizar fotografías. El barco, llamado ‘L’Oiseau des 7 Iles’ se dirigió directamente a la Île Rouzic, en la que se asienta la impresionante colonia de alcatraces. Éstos ya comenzaron a hacerse patentes al poco de zarpar, primero a cierta distancia de la embarcación y posteriormente cada vez más cerca. Al poco tiempo ya estábamos a sotavento de Rouzic, desde donde teníamos una buena vista de parte de la colonia. Alcatraces iban y venían por todos los lados y muchos otros se balanceaban al viento a pocos metros sobre la colonia. En la propia colonia cientos, miles de alcatraces adultos incubaban sobre sus nidos de tierra, guano y vegetación. El característico olor a guano y pescado llegaba hasta nosotros a pesar del fuerte viento y entre ola y ola procuré tomar algunas fotografías del espectáculo que se desplegaba ante nosotros. En las zonas de costa más rocosa era posible ver otras aves marinas como cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis), alcas comunes (Alca torda), araos comunes (Uria aalge) y frailecillos atlánticos (Fratercula arctica). Gaviotas argénteas (Larus argentatus) y algún gavión atlántico (Larus marinus) también observaban nuestra visita con indiferencia mientras que los alcatraces que se aventuraban al norte del islote se les veía surfear las olas con gran maestría y soltura. En algún momento algún fulmar boreal (Fulmarus glacialis), que son pocos aquí, se acercó también a nuestra embarcación y pudimos verlo bastante bien.

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Tres jóvenes y un adulto de cormorán moñudo descansando en el acantilado granítico.

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Debido a la mala mar la embarcación no pudo acercarse mucho a la orilla, por eso no dispongo de mejores fotos de muchas de las aves, como estos álcidos: araos y frailecillos.

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Este frailecillo en vuelo fue el único que pude fotografiar medianamente cerca. Ni la falta de luz ni el constante vaivén del barco permitieron obtener una imagen mejor.

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En el momento de peor mar y ya en el trayecto de vuelta se pudieron ver algunas pardales pichonetas.

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En esta imagen de la pardela pichoneta elevándose sobre el horizonte puede apreciarse bien cómo de movida estaba la mar.

Con el barco recorrimos la parte interior del resto de islas, viendo ya muchas menos aves y cuando emprendimos viaje de regreso en dirección a la costa aparecieron entonces algunas pardelas pichonetas (Puffinus puffinus) volando a ras de agua. No serían más de 10 ejemplares, pero hay que tener en cuenta que la colonia existente aquí no supera las 200 parejas y durante el día suelen alejarse bastante de tierra en busca de alimento.

La excursión terminó navegando cerca de la Costa de Granito Rosa de Ploumanac’h, que ya habíamos visitado desde tierra. Tener una perspectiva desde el mar fue interesante, y más aún cuando algún que otro alcatraz pasaba frente a ella mostrando un bello contraste con el colorido granito.

Last July, during a trip to Brittany, I had the opportunity to make the boat trip to the Sept-Îles Nature Reserve. During the summer this isles are inhabited by more than 23.000 breeding pairs of seabirds, including Northern Fulmar, European Storm-petrel, Manx Shearwater, Shag, Razorbill, Guillemot, Atlantic Puffin and a huge colony of Northern Gannets. Although the sea was really rough during the trip I could enjoy the sight of this noisy and stinky colony, one of the most spectacular things I’ve ever seen in my birding life. Pictures are not very good because of the weather and sea conditions, but they complete a fantastic experience.  

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(*) Y es que existía alguna pareja de gaviota sombría de la subespecie graellsii

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