6 diciembre

Quedan 25 días

Ayer por la tarde saltó otra alarma: collalba desértica en las dunas de Muskiz, una rareza de bastante entidad. El problema es que este lugar está a unas dos horas de mi casa, bastante apartado, en los confines de Bizkaia. Pero como dirían los antiguos escritores de la era romántica de la novela de aventuras: la Providencia  proveyó en mi favor, porque da la casualidad de que mi hijo estará jugando al rugby en Gallarta, ¡el pueblo de al lado! Así que además de disfrutar de esta rareza y sumar una nueva especie voy a cumplir con mis «obligaciones» como padre (nunca me gustó mucho esta expresión).

BigYear141Madrugo para poder acudir primero a por la collalba; no conozco el lugar y prefiero ir con tiempo por si tengo que buscar el camino. No cuesta mucho y llego bastante bien, y cuando aparco veo que hay multitud de personas con binoculares, telescopios y teleobjetivos. Muchos son colegas bien conocidos y me informan de que el pájaro aún anda por ahí y cómo encontrarlo… «Donde veas la gente con prismáticos», así de fácil. Resulta chocante ver tantos observadores que han acudido, no sólo de Bizkaia, sino de Cantabria, Asturies, Gipuzkoa, Navarra (como yo), e incluso de más lejos. Ayuda que es sábado y mucha gente no trabaja hoy. Pero hace no tantos años, sin móviles ni internet, la información fluía mucho más lenta; para cuando sabías de una rareza habían pasado ya varios días, si no semanas o meses. Recuerdo estar sólo observando la primera gaviota rosada que se vió en la Península Ibérica y que dos días antes había sido localizada por David Calleja. Esto es absolutamente impensable hoy en día.

Cruzo el puente peatonal que da acceso a la playa y las dunas y enseguida veo a unos cuantos observadores a mi derecha. Me acerco y amablemente me indican la posición de la collalba, a unas cuantas decenas de metros de ellos. La miro, tomo unas cuantas fotos testimoniales mediante iPhonescoping y me marcho. Si, lo confieso, llegar, ver, marcarla con la cruz, y marcharme, esa actitud tantas veces criticada. Sabéis que no es la forma de pajarear que a mi más me gusta, pero esta vez se imponen otros quehaceres, debo ver un partido.

305. Oenanthe deserti

En mi breve camino de vuelta al coche voy mirando que otras aves hay por el lugar: gaviotas patiamarillas, gaviotas sombrías, cormorán moñudo, garcetas comunes… ¡ah! y gorriones, con la curiosidad de que veo un macho con bastantes plumas blancas en las alas y cola. Creo que nadie se fijó en él, pero era cuanto menos curioso.

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Puedo entonces ir a ver el rugby de mi hijo con tranquilidad.

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